La Argentina tiene una trayectoria impecable aplicando medidas económicas destinadas indefectiblemente al fracaso. Dicen que la historia sirve, entre otras cosas, para no repetir errores del pasado.
Sin embargo, hacemos siempre lo mismo esperando resultados distintos (¿qué diría Einstein).
Controlar la inflación con controles de precios, leyes de góndolas, precios cuidados, precios máximos, precios congelados, atraso cambiario, persecución a quienes compran dólares, congelando tarifas y subsidiando indiscriminadamente nos ha llevado al Rodrigazo, Plan Primavera, Plan Austral, Plan Bunge y Born, ajuste del 2002, inflación siempre en ascenso y todos los males de la caja de Pandora abierta.
¿Cuál es la explicación a la persistente inflación cuando la economía vive en recesión? Hemos inventado de “estanflación” o estancamiento con inflación, y pretendemos que baje fogoneando la demanda sin oferta, principio básico de la suba de la inflación por exceso de oferta monetaria.
A pesar del gasto público cada vez más alto, la pobreza es cada vez mayor. Ningún gobierno se ha preocupado por el efecto en el mediano plazo de sus medidas, tratando de llegar siempre a las elecciones sin colapsar.
El problema es que cada 10 años aproximadamente, todas estas consideraciones terminan ajustando la economía per sé.
Entonces se nos ocurre el cepo al dólar, como si la demanda fuese objeto de capricho y no de falta de confianza en la economía del país. ¿Qué hacemos cuando carecemos de un bien de la economía que nos es indispensable? Seguro que pretender recibir divisas vía inversión extranjera o por cualquier otro medio, no va a cristalizarse ya que nadie invierte si no lo dejan repatriar su inversión, girar los dividendos, etc. Por lo tanto, el cepo a la venta genera el cepo al cepo porque no hay dólares para comprar.
Evidentemente, los resultados son inobjetables y los ajustes de la economía tienen vida propia, es cuestión de calcular en qué etapa del ciclo económico estamos para poder predecir cuándo será el próximo.
Las crisis y el error de las “4 C”.
Las empresas no siempre pueden mantenerse al margen de las inclemencias de la economía ni del contexto general. Sin embargo, siempre pueden adoptarse medidas para paliar la situación. El control y la reducción de costos y gastos se presenta como la primera opción a llevar a la práctica, pero muchas veces no se comienza por el verdadero principio.
Entonces, la solución parcial que encuentran muchas empresas es el corte de las “4 C”: Copias, Cadete, Capacitación y Café.
El personal bien capacitado es más eficiente por obvias razones: conoce mejor las pautas de su actividad y, por lo tanto, puede resolver mejor y con menos esfuerzo las situaciones problemáticas que se presenten.
La pregunta es: ¿Capacitar es un gasto o una inversión?
Gustavo Gosiker
